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Bety Fernández Méndez

 

"Sentido del sufrimiento"

Me gustaría expresar mi deseo de que todo lo que vaya a plasmar por escrito sea de parte de Dios, y fundamentado en la práctica de la Psicología.

 

A lo largo de los años en los que llevo acudiendo a la Iglesia he podido observar como ha habido una evolución hacia la psicología y hacia los psicólogos, desde un rechazo casi absoluto hacia una mayor comprensión de lo que es y para qué es útil esta ciencia.

 

Recuerdo aquellos años en los que hablar de las enfermedades emocionales, y del sufrimiento intangible del ser humano era despreciado y negado, achacándose a una falta de fe. Ese ataque era producto del desconocimiento del ser humano, acerca de los procesos personales y de las relaciones interpersonales (que tanto nos pueden hacer sufrir)  que se manifiestan a través de las más diversas dolencias psíquicas y/o emocionales.

 

Con esto no quiero decir que Dios quiera que tengamos problemas o trastornos psicológicos,  problemas familiares o de pareja; tampoco quiere que tengamos enfermedades, y sin embargo lo permite, por que el dolor y el sufrimiento humano forman parte de nuestra naturaleza caída, de su imperfección, de su necesidad de Dios y de conseguir la plenitud que sólo en el cielo alcanzaremos. Quizás pueda parecer contradictorio, pero el dolor puede aproximarnos a Dios, ya que es a través de éste cuando nos sentimos más necesitados de ayuda, más frágiles y ahí Dios puede revelarse como nuestro Padre.

 

Creo que en esta evolución como Iglesia local hemos ido entendiendo que hay situaciones que ocurren, presiones a las que podemos estar sometidos durante un instante o a lo largo de años que pueden provocar que algo dentro de nosotros se quiebre y que caigamos de rodillas rendidos, sin fuerzas para seguir luchando, sin comprensión para seguir avanzando, confundidos y tristes, a veces demasiado tristes como para leer la Palabra u orar al que nos salvó. Y esta evolución nos ha acercado más al propósito de Dios para cada uno de nosotros y para todos como cuerpo  espiritual, ya que nos hace más permeables a la comprensión de las dolencias de nuestros hermanos y de nuestro prójimo, y esto es traducido en AMOR, que es la esencia del Evangelio y del Mensaje de Cristo.

 

Una oración que debería estar presente todos los días de nuestra vida es que tengamos la sensibilidad necesaria de parte de Dios para entender, apoyar y animar a aquellos que sufren a nuestro lado. Y para aquellos que sufren, que tengan la valentía de admitirlo, pero no conformándose con esto, sino luchando en oración y si es necesario acudiendo a un profesional que los asesore. Porque no es lo mismo quejarse que tener el deseo de cambiar.

 

Para terminar querría recordar una conferencia de W. Churchill, aquejado de fuertes depresiones durante algunos años de su vida: “ Nunca, nunca, nunca os deis por vencidos. Nunca, nunca, nunca os deis por vencidos. Nunca, nunca, nunca os deis por vencidos”. En este día deseo dejaros el mismo mensaje de ánimo y esperanza.

 

“Pacientemente esperé a Jehová, y se inclinó a mí, y oyó mi clamor.

Y me hizo sacar del pozo de la desesperación, del lodo cenagoso; puso mis pies sobre peña, y enderezó mis pasos. Puso luego en mi boca cántico nuevo, alabanza a nuestro Dios. Verán esto, y temerán, y confiarán en Jehová. Bienaventurado el hombre ( y mujer) que puso en Jehová su confianza.”

 

                                                        Salmo 40: 1-4

 

¡Qué Dios os bendiga y que todas vuestras peticiones sean puestas delante de ÉL!

 

                                                                          

Beti Fernández es psicólogo y terapeuta.

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© Beti Fernández ADECORUNA.ORG, 2005 (España).