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Juan Carlos Fernández Méndez ¿PAGANISMO O NAVIDAD? Soy muy afortunado por haber nacido en el seno de una familia que me ha brindado amor y, por esa razón, conservo gratas reminiscencias de mi infancia. Entre estos entrañables recuerdos, se hallan los referentes a una época muy especial del año, las navidades; fechas especiales por un sinfín de motivos. El primero y de mucho peso, las ansiadas vacaciones; se cerraban los libros y se pausaban las tareas escolares. Además, aunque puede parecer muy trivial, mis hermanos y yo podíamos comer turrón duro y uvas pasas hasta atiborrarnos (en alguna que otra ocasión lo hemos pagado con un fuerte dolor de barriga) pero, sin lugar a dudas, el momento más esperado tenía lugar el 5 de enero después de la cena, vísperas de epifanía. No era porque tuviera un fuerte sentimiento cristiano, pues en aquel momento ignoraba el verdadero propósito por el cual ese niño había nacido en un pesebre. Más adelante, supe de corazón que Él vino a traer esperanza y vida abundante a un mundo que había perdido totalmente el norte, y que el evangelio trae no sólo ilusión y esperanza sino que también nos presenta una nueva vida en Jesucristo. Decía anteriormente que esa noche era especial y, como si se tratase de algo contrario a la naturaleza infantil, nerviosos y expectantes íbamos a cama para intentar conciliar un sueño que se hacía rogar, añorando los regalos que alguna de las excelentísimas majestades depositarían al lado del arbolito a lo largo de esa noche. Quizás fuese el joven negro y robusto; tal vez, el barbudo de cabellera tan dorada como el oro o, quién sabe, el rey abuelote de mirada bonachona. Mucho antes de que amaneciese, despertábamos para comprobar si habían traído lo que les habíamos solicitado por carta… Hoy en día ya no miro estas fechas con ojos de niño, muchas cosas han cambiado. La primera razón, atenta directamente contra la navidad tal y cómo se concibe actualmente por una sociedad seudo-cristiana. El nacimiento del Salvador, contrariamente a la opinión popular, no tuvo lugar un gélido 25 de diciembre, en un lejano pesebre rodeado de un buey, un asno, los magos y unos pastorcillos envueltos en abrigosos atuendos. La Navidad, tal y como la conocemos es más bien un invento relativamente moderno, ya que la iglesia primitiva recordaba la resurrección de Jesús, y tuvieron que pasar varios siglos hasta que Francisco de Asís representase su nacimiento. Por tanto, ¿qué cosas sabemos con certeza de la natividad de Cristo? ¿Existen evidencias para conocer el lugar, el año, mes y día de su nacimiento? En cuanto al lugar, ya encontramos en el libro de Miqueas capítulo 5 y versículo 1 la profecía del lugar concreto, una pequeña aldea llamada Belén, y así se cumplió. En lo que respecta al año no se sabe a ciencia cierta, pero existen datos que permiten aproximarnos mucho. Por ejemplo, en el evangelio según san Lucas se especifica que Cristo nació en la época gobernada por el emperador César Augusto, señalando los registros históricos que Augusto nació 691 años después de la fundación de Roma. Es más, la Biblia proporciona dos hechos muy importantes para situar el año del nacimiento de Jesús. Por un lado, nació en días del rey Herodes (Mateo 2:1), y el historiador judío Flavio Josefo señala que Herodes el Grande murió cuatro años antes de la Era Cristiana. Por otro lado, el empadronamiento de José y María tuvo lugar cuando Cirenio era gobernador de Siria (Lucas 2:2), aproximadamente entre los años 6 a 10 a.C. Así pues, se puede inferir que Jesús nació sobre el año sexto antes de la era cristiana. Conocer el mes es más difícil, pero si se puede suponer con bastante certeza que no nació en invierno; no podemos olvidar que el invierno en Judea era muy frío y húmedo (posiblemente más que el invierno gallego). Los pastores en esas fechas no estaban a la intemperie con sus rebaños, expuestos al frío y a la lluvia; es más probable suponer que naciese en la estación de primavera, cuando las noches son templadas y los pastores están pendientes de las ovejas que están pariendo en el campo. Por último, en lo referente al día 25 de diciembre, cabe recordar que durante el imperio romano se celebraba una importante fiesta pagana denominada natalis invicti, en la cual se adoraba al dios sol. Para no tener que inclinarse al paganismo, la Iglesia cristiana permitirá y “consagrará” en el año 386 d.C. ese día bajo la celebración del adviento, la venida de Cristo. Desde entonces, esa costumbre se ha perpetuado hasta hoy. La segunda razón que me lleva a no mirar las navidades con ojos de niño, se relaciona con su significado. La mayoría de las personas ha retornado al paganismo y al espíritu del natalis invicti, al comamos y bebamos porque mañana moriremos, sin pensar en la vida eterna y en las consecuencias que nuestra conducta puede tener para el futuro. ¿Acaso está presente Jesús en la vida de esas personas? Para conocer bien ese significado nos basta con mirar la TV en esas fechas: propagandas que animan a comprar turrón, dulces, regalos; películas que hablan de la festividad, Papá Noel y poco más; villancicos que transmiten bonitas melodías, buenas intenciones y sentimientos familiares. Sin embargo, Jesús sigue siendo el gran ausente y son pocos quienes le invitan a pasar estos días con ellos, y todos los demás de su vida. Por último, llegados a este punto, podemos plantearnos si es conveniente para el cristiano celebrar las navidades, debido a su origen pagano y a la carencia actual de significado. Considero que para el cristiano nacido de nuevo, todos los días son igual de santos y nos permiten tener la misma accesibilidad a la comunión con Dios, para agradarle y darle la gloria en todo momento. Por supuesto, cuando alguien ha conocido la Luz y la Verdad, debiera tener la madurez suficiente y estar bajo la dirección del Espíritu Santo para distinguir lo qué es bueno y lo qué es malo, es decir, tener la capacidad para examinarlo todo y retener lo bueno. De este modo, no creo que haya que desperdiciar dicha oportunidad para recordar y proclamar de una forma renovada que Jesús vino al mundo, murió por nuestros pecados, resucitó y un día regresará por su Iglesia. Tampoco debiéramos dejar pasar este momento para pasar más tiempo con nuestra familia y amigos. Así pues, y volviendo a mis entrañables recuerdos… Queridos Reyes Magos: Este año me he portado bien, y por esa razón me gustaría pediros el mejor regalo en el cual puedo pensar, que Dios me utilice este nuevo año como un mensajero de su amor y que alguna persona pueda comprender el auténtico significado de la Navidad.
Juan Carlos Fernández es psicólogo, terapeuta, y profesor universitario. Los puntos de vista libremente expresados en este apartado por los columnistas no reflejan necesariamente la posición editorial de www.adecoruna.org © Juan Carlos Fernández ADECORUNA.ORG, 2005 (España).
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